Cuando los bienes se convierten en males




Por: Bernardo M. Rivadeneyra Pérez, Presidente del Capítulo Peninsular del IMMPC.
Una de las mayores preocupaciones de un empresario es asegurar que su obra continúe y crezca. ¿Sabes cómo lograrlo?
El testamento es un excelente instrumento jurídico que permite la transmisión pacífica y ordenada de los bienes. Si bien, en ocasiones puede provocar un sentimiento de rechazo en el testador, debido a que ocuparse de este asunto implica afrontar el tema de la muerte, este documento tiene las siguientes ventajas:
  • Garantiza que la libre voluntad del testador se cumpla, respetándose la transmisión de sus bienes después de su muerte a los herederos que haya designado (sean familiares o no).
  • Permite designar a un albacea que se encargue de cumplir la última voluntad del finado, custodie los bienes y los entregue a los herederos designados.
  • Agiliza los trámites de adjudicación, pudiéndose realizar en una notaría y sin necesidad de acudir a un juzgado.
  • Evita enfrentamientos entre familiares y herederos.
  • Se puede modificar las veces que el testador quiera.
  • Es confidencial.
  • Permite que el testador disponga libremente de sus bienes.
  • Es un instrumento jurídico de bienestar; sencillo, económico e inmediato.
  • Permite establecer disposiciones no patrimoniales.
Esta última razón nos motiva a preguntarnos: ¿puede el patriarca de una empresa familiar asegurar la transmisión de su negocio, su visión, sus valores, su filosofía y al mismo tiempo contar con la certeza de que ésta continuará, crecerá y trascenderá por generaciones, en beneficio de su familia, de sus herederos y de la comunidad? ¿Es posible que alcance a ver y disfrutar en vida de la transmisión por sucesión e, inclusive, a participar de ella? La respuesta es sí.
Una transición tranquila
Para una empresa familiar, el periodo más importante (y peligroso) es el de la sucesión, cuando la propiedad y la autoridad del negocio pasan de unas personas a otras. Por eso, la familia debe darse cuenta de que este evento no es simplemente una decisión de negocios, sino que es un proceso que puede durar algunos años y que requiere de un delicado equilibrio. Muchos patriarcas, dueños y directores de empresas familiares desean incorporar a sus herederos en la empresa, pero para hacer esto es indispensable contar con un plan estratégico de sucesión personal, familiar y de negocios. No tenerlo puede poner en peligro las relaciones entre familiares, a los empleados y a las familias que de ellos dependen, a los proveedores y clientes, y hasta la confianza de los bancos.
En consecuencia, no basta con estar convencido de lo que se desea hacer, sino que se requiere dedicarle tiempo, por lo que la sucesión no es algo que deba empezar a valorarse hasta que el dueño se disponga a retirarse. Después de todo, nadie tiene comprada la vida ni la salud. Es por ello que este proceso debe iniciar cuando los potenciales sucesores son niños, cuando sus padres les transmiten enseñanzas y valores como el trabajo, la ética, la calidad, la confianza, el respeto, la competencia y el equilibrio de la vida. Durante este periodo es cuando se comienzan a desarrollar las herramientas que le ayudarán al empresario a alcanzar la autorrealización y una tranquila transición de liderazgo en el futuro.
Elaborar un buen plan de sucesión requiere tiempo, pues cada caso es diferente, siendo válida incluso la opción de vender la empresa. Es necesario establecer el protocolo familiar y el plan de sucesión, para lo cual, tanto el patriarca como los miembros de la familia y los altos ejecutivos del negocio deben estar alineados y comprometidos, de manera que sean pacientes, no tengan prejuicios y busquen arreglar sus diferencias (considerando, ante todo, el bienestar de la organización, que a la postre se traducirá en un beneficio de todos).
Para que el proceso de aplicación de la misión sea sistemático y medible, es indispensable que ésta sea dada a conocer tanto a la familia como a los integrantes de la empresa. También es importante incluir un plan de desarrollo personal para los familiares que trabajan en la empresa.
Durante el proceso de sucesión, hay dos conceptos que no debemos perder de vista: la institucionalización de la empresa familiar y su gobierno corporativo. Es por esto que los altos ejecutivos deben institucionalizar la fórmula del éxito de la empresa para disminuir su dependencia del fundador o patriarca.
El consejo familiar y el de la empresa son excelentes herramientas para equilibrar los diversos intereses. Proporcionan espacios de vinculación para debatir los asuntos de la familia y de la empresa y un consejo formal para tomar y supervisar las decisiones de negocio.
Recuerda, el testamento es una herramienta valiosa para lograr un plan integral de sucesión en una empresa familiar. El obviar este aspecto puede hacer que los bienes se conviertan en males.
Email: brivadeneyra@ras.com.mx

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