Cuando en lugar de agricultura se hace minería


Se escucha con una frecuencia que no es no sólo deseable, sino sobre todo  necesario, advertir acerca del hecho que a la humanidad la alimenta una capa de tierra fértil de un espesor casi insignificante. La que es su garantía de supervivencia.
Algo que es lo mismo que decir que le debemos brindar a ella un cuidado que nunca es poco si se atiende a lo que está en juego. Máxime en una época como la nuestra en la que dejando de lado que es cada vez mayor el número de bocas para alimentar- nos advierte hasta que punto es irrecuperable un suelo mal tratado, en los casos en que exista esa posibilidad.
De allí también que entre quienes alertaban acerca de los peligros de “trabajar de mineros en lugar de hacerlo de agricultores” se encuentra el reconocido antropólogo francés Levy Strauss al aludir al manejo del suelo que observó a lo largo de sus extensas visitas al Brasil, donde vio como los campesinos quemaban un pedazo de tierra después de haberla cultivado hasta agotar su fertilidad en un corto número de años. Se limitaban luego a avanzar hacia el oeste incendiando y cultivando en repetida sucesión otras fracciones del terreno.
Un comportamiento que nuestros vecinos, aunque sea en otro contexto, todavía conservan, y de lo que es la prueba más acabada el cambio que ha sufrido el color y la transparencia de las aguas de nuestro rio, el que sobre todo en las épocas de grandes lluvias en el norte adquiere ese color leonino semejante al del Río de la Plata.
¿Qué es lo que acontece? Ni más ni menos que la erosión hídrica de las extensas superficies del suelo brasileño destinadas a la siembre de la soja en  el sur de esa país, arrastra hacia el Uruguay, para terminar tragada por el océano una parte importantísima de tierra colorada a la que la desforestación,  unida al laboreo, transforma en fácil presa del agua.
Un estado de cosas que no es nuevo ni focalizado tan solo en algunas regiones de la Tierra,  sino que lo ha vivido, para dar tan solo un ejemplo,  Palestina, la que de ser en los tiempos bíblicos el país de la leche y de la miel –o lo que es lo mismo la tierra de la abundancia- pasó a convertirse en un terreno desértico hasta el retorno de los judíos a lo que fuera su milenario hogar.
Por su parte, nuestro país no está desde mucho tiempo ajeno a ese peligro, ya que la convergencia de la erosión hídrica y eólica, el sobrepastoreo y la no rotación de los cultivos unidos a la desforestación, han traído consigo algo más que señales de alerta respecto a nuestro futuro.
La actual  trasformación de una gran parte de nuestras tierras agrícolas en una inmensa explotación sojera, se presenta en las actuales circunstancias como una nueva amenaza al respecto.
Es que otra vez se hace presente la tentación de que nuestros hombres de campo de ser agricultores pasen a ser mineros. Una realidad de la que  tuvimos una experiencia directa y lamentable  cuando muchos colonos sucumbieran a la codicia de que sus propiedades minifúndicas fueran explotadas como canteras, prueba de lo cual son las numerosas cavas que en la actualidad sigue exhibiendo nuestra geografía.
Y si cabe afirmar que el de la siembra de la soja es un peligro de una dimensión menor, es por cuanto un correcto manejo de ese cultivo puede neutralizar los efectos de la pérdida de nutrientes del suelo que el mismo provoca, a la vez que la erosión que resulta de su cultivo. Sobre todo que lo general la explotación sojera este disociada de la propiedad del terreno –es decir que queda en manos de arrendatarios o aparceros, para el colmo de los males con contratos anuales- lleva a que   ninguna de las dos partes en esa relación comercial se preocupe de la manera en que el suelo es cuidado.
El propietario vuelto miope por la posibilidad de obtener el máximo de ganancia…inmediata, y el locatario por cuanto la ausencia de un  horizonte temporal lo hace desinteresar de todos los efectos dañinos  y mediatos de su trabajo.
Es dentro de ese contexto que deben ubicarse, y considerar apropiadas recientes criticas de la Mesa de Enlace provincial de las entidades agropecuarias, cuando en un documento han expresado su rechazo al proyecto del gobierno provincial de modificar el Código Fiscal y la Ley Impositiva local, en procura de la supresión de los incentivos fiscales que beneficiaban a los propietarios rurales que aplicaban en el manejos de sus inmuebles  medidas encaminadas a preserva el suelo.
Se trataba de ofrecer, por parte de la autoridad fiscal provincial, la reducción del Impuesto Inmobiliario Rural en distintas escalas, dependiendo de las prácticas realizadas y que debían ser presentadas por profesionales de la agronomía.
De esa manera luego de advertirse que en “en los últimos años se han presentado alrededor de 400.000 hectáreas para la desgravación del Impuesto, lo que representa sólo una parte de área de producción de la provincia, faltando aún mucho para hacer”, pero de cualquier manera mostrando una adhesión creciente de nuestros hombre de campo al programa conformado en una ley sobre la materia; contrapone a esa circunstancia  el hecho que ha sido mínima la incidencia de las desgravaciones impositivas previstas en el mismo en las finanzas publicas locales. Dado lo cual no es de extrañar que se considera que de esa manera ““se prioriza una equivocada visión fiscalista y recaudatoria, en desmedro de la actividad agropecuaria sustentable”.
Todo ello sin dejar se recordar que Ley Nº 8.318 de conservación de suelos, y que instituye el régimen cuya derogación se proyecta. fuera aprobado en forma unánime por la Legislatura Provincial en la década del ’80”. Agregando que se trató de  un régimen pudo ser tenido como visionario para la época, “ya que fue la primer provincia en estimular la preservación del recurso natural suelo, atendiendo a la realidad agrícola provincial, por la vulnerabilidad de los procesos erosivos”. Máxime si se tiene en cuenta que “los beneficios para las zonas más críticas de la provincia han sido enormes, y que el programa ha tenido reconocimientos nacionales y hasta de programas específicos de Naciones Unidas”.
Dado lo cual es de esperar que la sangre no llegue al río, dicho en forma metafórica,. O lo que es más claro y mejor que el gobierno se guarde de aparecer colaborando en el propósito de volver a la agricultura en una suicida actividad minera.


http://www.elentrerios.com/index.php/opinion/editorial/39225-cuando-en-lugar-de-agricultura-se-hace-mineria

0 comments:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.