Siembra directa, una buena práctica de cultivo

La agricultura convencional, basada en las labranzas de los suelos, fue el modelo de trabajo agrícola que la humanidad aplicó desde sus inicios, hace más de 10.000 años. Bajo esta concepción de la agricultura, la labranza era vista como una pieza clave e ineludible a la hora de producir granos y forrajes. El paquete tecnológico reinante de la producción con labranzas incluía prácticas como arar, rastrear y quemar los residuos, dejando el suelo totalmente pulverizado. Sin embargo, y aun reconociendo que sirvió para alimentar a la humanidad en el pasado, la agricultura convencional, por vía de la erosión de los suelos y por la aplicación de un criterio de explotación, minero o extractivo de los recursos, en muchos casos hizo llegar a extremos de deterioro de magnitud escalofriante: "perder más de 10 toneladas de suelo por tonelada de grano producido"; evidentemente, un "costo" que la humanidad toda no podía, y menos aún no puede ni podrá seguir pagando. 

Recientes estimaciones realizadas por Aapresid indican que el 78,5% de la superficie agrícola de nuestro país se encuentra bajo siembra directa. 

De los 106 millones de hectáreas cultivadas en siembra directa a nivel mundial, aproximadamente la mitad corresponde a países de América Latina; y de ellas, el 50% están en la Argentina. 

Regiones 
Estimaciones realizadas por Aapresid arrojan un total de 27 millones de ha que se hallan bajo siembra directa en la Argentina, lo que representa un 78,5% de la superficie agrícola del país. Si el análisis se realiza por cultivos, la soja, el principal del país, evidencia la mayor cantidad de ha bajo siembra directa; lo sigue el trigo, luego el maíz (con similares cantidades) y por último el girasol y el sorgo. 

Observando el análisis por provincias, las que poseen mayor superficie en siembra directa son Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. No obstante, la importancia relativa de adopción en estas tres provincias difiere en términos porcentuales: 78%, 90% y 83% respectivamente. Esta situación se repite en todo el proceso evolutivo de la siembra directa, dónde la principal provincia con superficie sembrable es la de menor ritmo de adopción y cantidad relativa, al menos entre los principales Estados agrícolas. Por su parte, Córdoba y Santa Fe (en ese orden) fueron las provincias pioneras en la adopción del sistema. 

Sin embargo, Catamarca, Entre Ríos, Santiago del Estero, Salta, Tucumán, Corrientes y Jujuy, en los últimos años han tenido un avance mas notorio del país, debido a sus condiciones agroecólogicas en cuanto a la adopción del sistema, superando actualmente el 90% de la superficie en siembra directa. 

Estas cifras son más que elocuentes. Muestran el liderazgo de nuestro país en siembra directa; tecnología agropecuaria más importante implementada en los últimos años, cuya adopción ayudó a revertir la degradación del suelo, permitió la expansión de la agricultura y la ganadería en áreas marginales, mejoró la rentabilidad de la agricultura y aumentó la sostenibilidad de los sistemas agropecuarios en los diferentes rincones del país. 

La agricultura conservacionista, dentro de la cual se encuentra la siembra directa (sistema productivo basado en la ausencia de labranzas, en las rotaciones y en el mantenimiento de los suelos cubiertos por los rastrojos) cambió el modelo reinante; proponiendo una nueva agricultura capaz de resolver la disyuntiva entre productividad y ambiente. 

Al estado del conocimiento actual se vislumbra como la alternativa productiva que mejor conjuga los intereses, muchas veces contrapuestos, de alcanzar una producción económicamente rentable para las empresas, ambientalmente sustentable y socialmente aceptada. 

Extensión 
Es este sentido, en Tucumán es necesario rescatar el trabajo de extensionista que tuvieron los técnicos involucrados en esta nueva herramienta que se implementó hace ya varios años y de la cual Tucumán es muy representativo al superar el 95% de aplicación en las siembras de granos. 

La siembra directa provoca que se disminuyan la erosión eólica en un 96% y la compactación del suelo, la mejora de su estructura e incremento de su fertilidad. 

Genera además una menor emisión de gases de efecto invernadero (Carbono) a la atmósfera. La siembra directa es una herramienta que aumenta la productividad a largo plazo, incorporando nuevas áreas de producción y al final una reducción de los costos en la producción de granos. 

Este fue un gran avance que tuvo como protagonistas a los productores acompañados por el asesoramiento permanente de instituciones como la Eeaoc y el INTA y que permitieron en conjunto mostrar sus ventajas e incorporarlos rápidamente en beneficio del sistema productivo. 

La sinergia que genera la vinculación público y privada, correctamente manejada, trae grandes beneficios al sector.

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