Agricultura sin agricultores

Es un modelo donde el control de la tecnología, el capital y el Mercado a Término es manejado por un puñado de inversores, agentes, empresarios, intermediarios y exportadores internacionales.

El presidente de Aapresid, Víctor Trucco, escribió en Clarín Rural (19/5/12) una original interpretación sobre el concepto de agricultura sin agricultores, ignorando la cuestión de la tierra, ya sea de la propiedad o la locación de la misma para producir. Lo escribió en momentos en que el sector de la Sociedad Rural encabezaba la reacción por el aumento del impuesto rural en la provincia de Buenos Aires. En una simplificación del proceso histórico afirmó que “la realidad de la estancia y el chacarero pertenece al pasado; las estancias se han dividido y los chacareros se fueron a vivir al pueblo”.
La “estancia”, en primer lugar, fue siempre un establecimiento ganadero mientras que el chacarero trabajaba la tierra para el patrón. Trucco debería leer La historia del trigo argentino, de J. Scoobie. La transformación de la explotación ganadera y la agricultura se desarrolló a partir de los años ’50 del siglo pasado a raíz de los adelantos científico-tecnológicos. El modo de producción fue cambiando pero las transformaciones en las relaciones de producción no alteraron la cuestión esencial: la propiedad, la concentración de la tierra, el chacarero y el asalariado rural.
Es cierto que las “estancias” se dividieron y también los campos, como resultado de la subdivisión hereditaria. Sin embargo, en la década del ’70 los herederos de las mejores tierras de la Argentina comenzaron a reestructurarse a través de sociedades anónimas y la figura de la empresa agropecuaria. Los primeros y segundos apellidos tradicionales aparecen en todas las compañías agroganaderas o agrícolas extensivas, así como en las empresas agroquímicas, consultoras, inmobiliarias y tecnológicas. También hay escribanos y contadores entre los herederos de la tierra. Finalmente, el boom de la soja terminó de reagrupar a las terceras generaciones de los dueños de la tierra y muchos nuevos propietarios que vienen de otras actividades, como los Eurnekian, Magnetto, Coto, Grobos Elztain, Cristóbal López.
El “cambio” que no advierte Trucco permitió que desaparecieran decenas de miles de chacareros de la Pampa Húmeda, que se ha estimado entre 100 y 150 mil en los últimos 30 años. Hoy, como se sabe, una gran masa de productores alquilan los campitos de sus abuelos ante la imposibilidad de realizar las tareas agrícolas que requieren escala y capitalización. La cuestión de dónde reside el agricultor dueño de su campo es –obviamente– secundaria. El moderno inversor, los titulares de pools de siembras, los grandes terratenientes, los dueños de grandes compañías, como los Grobo o Cresud, pueden vivir en ciudades de la Pampa Húmeda, en la Capital Federal o en el Gran Buenos Aires. Pueden trasladarse en avionetas y hasta en helicópteros o bien la moderna tecnología informática les permite manejar los campos desde cómodas residencias o bien desde algún casco de estancia. Cambiaron las relaciones de producción y aparecieron los contratistas, locadores de campos, dueños de maquinarias, pero lo que no ha desaparecido es la demanda de tierra para los actuales 100.000 productores “familiares” minifundistas y arrendatarios que son agricultores en su pequeña parcela ni para los miles de jóvenes que hoy reclaman tierras.
Plantear que hoy “los chacareros se han ido a vivir al pueblo” refleja una ignorancia o una desmemoria del proceso de los últimos 50 años, período en que se han producido cambios estructurales en el desarrollo económico: se han acortado las distancias y las comunicaciones son instantáneas, se liquidó el ferrocarril, pero la industria automotriz acortó las distancias mejorando la vida de los productores pequeños y medianos. Por otra parte, hace tiempo que los hijos de los productores asisten a innumerables escuelas agrícolas de numerosas ciudades y las universidades se han multiplicado en todas las regiones del país.
La agricultura sin agricultores es la que generó el “derrame” económico en Puerto Madero, en los shoppings, en Nordelta y en los cientos de desarrollos inmobiliarios de las grandes ciudades. La agricultura con agricultores es diferente de la que proclama la Federación Agraria Argentina. Se trata de un modelo de desarrollo agrícola ganadero, forestal y agroindustrial que extienda y amplíe la base propietaria de la tierra en centenares de miles de agricultores –vivan donde vivan– ocupando todo el territorio nacional y haciendo producir a todos los ecosistemas en su enorme diversidad. Modelo que debe integrarse a una estructura de exportación que implique la participación de las cooperativas y el Estado en forma hegemónica en lugar de las multinacionales.
El modelo actual que defiende Trucco es el de una agricultura sin agricultores donde el control de la tecnología, el capital y el Mercado a Término es manejado por un puñado de inversores, agentes, empresarios, intermediarios y exportadores (internacionales) que ya controlan lo principal de la economía agraria argentina. Los defensores de la agricultura sin agricultores son los que impiden la creación de un nuevo Instituto de Colonización que permita el reparcelamiento y el otorgamiento de tierras a los 100.000 agricultores “familiares” que el mismo Ministerio de Agricultura ha censado. La política de subsidios a los minifundios o pequeños productores no cambia la situación, sino que posterga la pobreza campesina.
El gran déficit de este gobierno (y de todos los que le precedieron) es la falta de una política de tierras para crear el arraigo en el campo, tanto en la agricultura extensiva o la ganadería como en los cultivos intensivos de las economías regionales. La dictadura y el menemismo fueron el paradigma de la concentración y el éxodo rural en la historia reciente. La agricultura sin agricultores es el modelo de acumulación de capital y de la concentración del negocio agropecuario, que termina en el puerto donde las multinacionales hacen el negocio final

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