Del biocultivo a la mesa

Un total de 52 campesinos, 19 elaboradores y un ganadero siguen el modelo productivo

Esta noticia trata de terrenos que se abonan con material orgánico y minerales de origen natural, nunca con productos químicos de síntesis, y de animales que crecen en libertad, no se hormonan ni se hacinan y solo comen pienso y grano procedentes de cultivos ecológicos. Los artículos derivados del modelo de producción integral denominado Agricultura Ecológica llevan una veintena de años ofreciéndose en el mercado español, pero las empresas vallisoletanas han tardado en animarse a abrazar lo que para algunos es una filosofía de vida y, para otros, todo un negocio y un potencial de desarrollo para el medio rural.
Las más de 2.600 hectáreas que en Valladolid se destinan a este tipo de cultivos están todavía lejos de las 6.600 zamoranas y a años luz de las 171.000 de, por ejemplo, Jaén; sin embargo, el número de agricultores y elaboradores que han decidido apostar por estas explotaciones y productos en la provincia continúa creciendo a un ritmo pausado pero constante y ha pasado en una década de 15 a los 71 actuales.
También la superficie destinada a la agricultura biológica ha experimentado un crecimiento exponencial, y en el último lustro se ha duplicado el número de cultivos, que en el año 2005 abarcaban 1.300 hectáreas. Los agricultores han sido siempre los principales 'operadores' del sector y, en la actualidad, tan solo una cooperativa de Megeces tiene inscrita su explotación ganadera en el registro del Consejo de Agricultura Ecológica. Por otro lado, el número de empresas vallisoletanas que han optado por elaborar los productos siguiendo los criterios de este modelo de producción integral asciende a 19.
La Agricultura Ecológica es un compendio de técnicas agrarias que excluye normalmente el uso, tanto en la agricultura como en la ganadería, de productos químicos de síntesis (fertilizantes, plaguicidas, antibióticos...) con el objetivo de preservar el medio ambiente, mantener o aumentar la fertilidad del suelo y proporcionar alimentos con todas sus propiedades naturales. Los productos que se obtienen de ellas tampoco contienen sustancias u organismos modificados genéticamente (transgénicos), aditivos, colorantes o conservantes artificiales.
La mayoría de los agricultores vallisoletanos pertenecen al sector del cereal y de las leguminosas, aunque también son significativas las hortalizas y la vid, tanto en lo que respecta a la producción como a la elaboración, con bodegas emblemáticas de la Ribera como Pesquera o Hacienda Monasterio entre los 'operadores' biológicos. También es significativa la presencia de varios productores en pequeños pueblos como Valdunquillo y, de tamaño medio, como Castronuño, y su ausencia en otros de mayor tamaño y con más superficie agrícola.
En opinión del presidente del Consejo de la Agricultura Ecológica de Castilla y León, Juan Senovilla, se trata de un sector con un «enorme potencial» y más en una provincia como Valladolid -«agrícola, con muchos ecosistemas, muy variada, con una geografía poco complicada a nivel de contaminación y con presencia de cinco denominaciones de origen vinícolas»-, pero que no ha sido objeto de una apuesta decidida por parte de las administraciones públicas.
Senovilla es consciente de que el hecho de que no se hayan publicado las ayudas europeas en el capítulo agroambiental puede frenar el desarrollo del modelo -«la transformación de un cultivo tradicional en otro sostenible requiere mucha inversión y muchos meses de espera y el sector cerealista, con los escasos márgenes de beneficio que tiene, no puede permanecer un tiempo parado y sin ingresos»-, pero también advierte de que, si la provincia y la región no hacen un esfuerzo inmediato para fomentar este tipo de empresas que pueden ser vitales para el sector agrícola y ganadero, dejarán escapar su oportunidad. Desde el Consejo se reclama, por ello, al Gobierno regional un plan estratégico e integral para que el sector primario entienda el atractivo de este sector productivo.
«Podemos mirar para otro lado, pero estamos perdiendo el tren de la historia. Es un fenómeno mundial, de ámbito planetario», explica gráficamente Senovilla, quien recuerda que pese a que en España la cuota de consumo de estos productos se sitúa en el 1,5%, el porcentaje alcanza el 20% en muchos otros vecinos europeos. «Somos un país eminentemente exportador -advierte- pero Castilla y León no ha encontrado su hueco, que debe ser el de la calidad: La calidad de sus cereales y legumbres, el gran patrimonio genético de sus razas autóctonas, las ventajas de su suelo y de su historia... el único que se salva un poco es el sector vinícola, donde se está produciendo vino de gama alta y recuperando de la tradición lo que es útil».
La Agricultura Ecológica se encuentra regulada en España desde 1989. El Reglamento de la Denominación Genérica Agricultura Ecológica fue de aplicación hasta la entrada en vigor de la normativa comunitaria de 1991 sobre el sector productivo y su indicación en los productos agrarios y alimenticios, que ha sido complementada y ampliada por otros reglamentos posteriores.
El control y la certificación de la producción agraria ecológica es competencia de las comunidades autónomas a través de entes que, como el Consejo de la Agricultura Ecológica de Castilla y León, son organismos dependientes de las consejerías de Agricultura. El CAECyL se creó en el año 1995 para ejercer estas funciones de supervisión establecidas en el reglamento comunitario, tanto sobre la producción agrícola ecológica como sobre su indicación en los productos agrarios y alimenticios.
En las tiendas
El desarrollo de las prácticas biosaludables en el sector primario va en paralelo al incremento del número de establecimientos que se dedican en exclusiva a la venta de este tipo de productos, que solo en la capital han pasado en unos meses de uno a los siete actuales -incluida una cooperativa o red de consumo- y que ya tienen también nombre propio en las estanterías de las grandes superficies. «Es significativo que, mientras la mayoría de los ultramarinos tradicionales está desapareciendo, el consumidor elige el pequeño comercio para adquirir sus productor ecológicos», apostilla Senovilla.
El cada vez mayor número de consumidores de estos artículos aseguran que la composición, las cualidades organolépticas y la calidad no tiene nada que ver con las de los producidos 'en masa' pero es que, a demás, y en esto hacen especial hincapié los productores, se evitan problemas de la producción convencional tales como la contaminación del agua y el aire.
Como distintivo para que el consumidor pueda distinguir en el mercado los productos de la Agricultura Ecológica, todas las unidades envasadas, además de su propia marca y de alguna de las menciones específicas, llevan impreso el código de la autoridad y organismo de control o un logo especifico, con el nombre y el código de la entidad. También, desde hace poco más de un año, para significar que la finca o industria donde se ha producido o elaborado el producto está sometida a los controles pertinentes, es obligatorio el logo comunitario: Una hoja con estrellas blancas.


http://www.elnortedecastilla.es/v/20111016/valladolid/biocultivo-mesa-20111016.html

0 comments:

Publicar un comentario en la entrada

Con la tecnología de Blogger.